Ciclicidad (I)

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Ya he contado en otras ocasiones que a lo largo de todos estos años de práctica, he podido disfrutar del yoga desde diferentes perspectivas, gracias a los cambios que han ido surgiendo en mí: mis ciclos poco regulares, mis embarazos, postpartos, ciclo, de nuevo, que viene y va…

Uno de los principales y primeros cambios que notamos, y creo que aquí las yoginis y los yogis lo podéis corroborar, es que, de repente, sentimos nuestro cuerpo, lo oímos, tiene voz. El yoga nos abre una nueva puerta hacia la autobservación y la autoescucha.

Hoy quería hablaros precisamente sobre cómo, como mujer (antes que madre), habiendo pasado por todas esas fases, esto supuso un antes y un después en mi práctica, aunque siendo honesta, no fue cosa de poco tiempo.

Practico yoga desde hace 13 años y desde casi el principio, ya me “chirriaba” un poco que en clase (mixta), mujeres y hombres realizáramos las mismas posturas, con las mismas correcciones, cuando nuestra anatomía no es la misma, nuestra resistencia y fuerza no es igual. Eso hablando del plano físico, el plano mental y emocional ni se toca…

Todo esto, despertó en mí la necesidad de profundizar un poco más en el camino de la autobservación e investigar, probar, vivenciar el yoga desde esa naturaleza cíclica, mi esencia femenina. Rebuscar en mi interior para ir redescubriéndome como mujer cambiante, registrando todos los cambios que sentía y, poco a poco, descubrir que el patrón se repetía a pesar de no “cumplir” con un ciclo de 28 días exactos.

Mi cuerpo, mi mente y mi alma acogían esos cambios (a veces con cierto rechazo, por qué no decirlo) y, entonces, mi práctica no podía ser siempre la misma. Jugaba con las secuencias, combinaba con pranayamas, a veces meditaba o, simplemente, descansaba en savasana…

A lo largo de todos estos años, gracias a esa búsqueda que me ha hecho acercarme a otras mujeres que me han compartido sus experiencias, sus vivencias, sus enseñanzas, puedo decir que conozco y acepto mi ciclo, que lo respeto, que respeto esta mujer que soy, esa parte femenina que vive en mí y que con la que me he reconciliado gracias a mi práctica, y deseo compartir desde este pequeño rincón mi experiencia y ayudar, en la medida de lo posible, a otras mujeres que necesiten encontrarse con su naturaleza.

Porque conocerte te centra, te brinda la oportunidad de anticiparte, de regalarte, de amarte y emponderarte hasta límites insospechados. Para ello el ciclograma es nuestro mejor aliado. Registrar tu ciclo y todas las variantes que se suceden en tu día a día, los cambios, es fundamental para darte cuenta de qué te afecta y de qué modo, y poder así identificar las consecuencias de cada fase o las causas de comportamientos que antes no interpretabas como cíclicos, y poder confeccionar un patrón que se repite. Conociendo este patrón, podemos aceptar las circunstancias, adelantarnos a lo que pueda suceder, discernir y decidir, sintiendo que cogemos las riendas de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.

Con este post comienza una serie dedicada a NOSOTRAS, donde deseo compartir todo aquello que he ido aprendiendo en este viaje y que me ha llevado a comenzar la formación como terapeuta menstrual (cómo identificar en qué fase nos encontramos, cómo hacer un registro de nuestro ciclo, cuáles son los cambios que podemos sentir a nivel físico, mental y emocional, y cómo ayudarnos con la práctica del yoga).

Con todo mi cariño,

Miriam.

 

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